ESPAÑOLES EN LUXEMBURGO
Eduardo Ramos, chef y gerente del Bistró Podenco: “En 13 mesas pueden coincidir clientes de 10 nacionalidades distintas. Es una riqueza impresionante”

Eduardo Ramos
Eduardo Ramos, chef y gerente del Bistró Podenco

En el barrio de Clausen, en Luxemburgo Ciudad, hay un rincón donde disfrutar de las bondades de la cocina española. Lejos de caer en los tópicos que tanto daño han hecho a los restaurantes ‘turísticos’, el Bistró Podenco en un homenaje honesto a los fogones mediterráneos. Desde 2015, el equipo del restaurante, capitaneado por Eduardo Ramos, su chef y gerente, han remado con fuerza para darse a conocer entre los paladares de todos los rincones del mundo que habitan la ciudad. 

Lo han hecho a base de alimentos importados de España, combinados con productos frescos locales y gracias a una metodología que bebe de la cocina casera. El espacio también ayuda a que su propuesta gane nuevos fans cada temporada. El Bistró Podenco está ubicado en un edificio construido en el siglo XVI. El lugar, que fue propiedad de los condes de Luxemburgo y del príncipe Mansfeld, era utilizado por los cazadores y sus perros para alimentarse y descansar. 

Charlamos con Eduardo Ramos en medio de la vorágine que supone mejorar un restaurante de calidad. “Vamos a importar nuevos productos y a invertir en más personal y en mobiliario. A medio plazo, no descarto ampliar mi oferta con nuevas aventuras gastronómicas en el país”. 

Vecino del barrio de Beggen, el chef admite que, antes de llegar a Luxemburgo, tenía una idea equivocada del país y de la capital. “Pensé en una metrópoli superpoblada, tipo Tokio”. Nada más lejos. Le sorprendieron gratamente el aire tradicional –“la excepción es la zona de Kirchberg”- y la tranquilidad que transmiten edificios que rara vez superan las cuatro plantas. Algo que experimenta en el Bistró Podenco. “Es un edificio protegido por el Estado. No puedo modificar nada de su exterior. A pesar de estar en un barrio céntrico, no hay rastro de masificación. Eso me gusta”. 

Otra alegría inesperada que le aguardaba en el país fue descubrir la decisiva influencia de la naturaleza en casi cualquier actividad, ya sea cotidiana o de ocio. Una relación fluida que Ramos describe con sensibilidad de artista. “Aquí aún hay 4 estaciones. El otoño, vestido de rojizos y marrones, llena Luxemburgo de hojas caídas. En invierno, todo es gris y blanco; congelado como nunca había visto. En primavera, en cuestión de una semana y como por arte de magia, todo el país (sobre todo los prados) florece y se tiñe de un sinfín de colores vivos”.

Eduardo Ramos añade que el verano luxemburgués es “perfecto”, con días calurosos y noches tibias, y advierte que el cambio climático, aunque con menor incidencia, también ha llegado a estas tierras. “Este último verano hubo una ola de calor con hasta 40 grados que incluso secaba la hierba, algo que no es normal aquí”.

“A veces tengo 13 mesas del restaurante ocupadas por 10 nacionalidades distintas. Es una riqueza impresionante”. Además de la ventaja de vivir y trabajar en un ambiente multicultural, Eduardo Ramos destaca la seguridad, la educación y la calidad de vida del país. “Cuesta adaptarse a su ritmo económico, pero trabajando duro, la recompensa llega”.

En cuanto a las que entiende son sus principales aportaciones al país, el chef, cargado de lógica, se queda con las de carácter gastronómico, pero también cree que la decoración y la música que ambientan el Bistró Podenco influyen en que la experiencia de estar en un bar español sea completa.

“Con los amigos y la familia celebro una calçotada anual. Los calçots me los envían desde Reus y disfrutamos durante un domingo entero”. En la línea lúdica, Ramos invita a no perderse las celebraciones del Día Nacional de Luxemburgo. “Sobre todo la noche del 22 de junio, cuando el centro se convierte en un hervidero de gente. Música, gastronomía y fiesta en cada rincón hasta altas horas de la madrugada”.