El Marqués de Villalobar y Luxemburgo
Por Philippe Henri Blasen

El Marqués de Villalobar
El Marqués de Villalobar, colección de Don José Saavedra-Ligne, Marqués de Villalobar.

El diplomático español Don Rodrigo de Saavedra y Vinent, Marqués de Villalobar (1864-1926), es conocido en Bélgica por los servicios que prestó al país y a sus habitantes durante la Primera Guerra Mundial, cuando fue Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de España en Bruselas.              

En particular, contribuyó al abastecimiento de la Bélgica ocupada a través de la Commission for Relief in Belgium, que se transformó en el Comité Hispano-Holandés tras la entrada de Estados Unidos en la guerra en 1917, e intervino ante el ocupante alemán para salvar a los condenados a muerte. Al final de la guerra, también garantizó la protección de los ciudadanos austriacos y húngaros que residían en Bélgica, a pesar de la hostilidad que suscitó por este favor hecho a Austria-Hungría, que había declarado la guerra a Bélgica en 1914.

Es probable que, durante la guerra, el Marqués de Villalobar también concediera a Luxemburgo el beneficio de su generosidad, aunque el Gran Ducado estuviera bajo la jurisdicción de su colega de La Haya. Estado neutral, Luxemburgo fue invadido el 1 de agosto de 1914 por el Imperio Alemán. El gobierno luxemburgués reaccionó a esta invasión de tal manera que Francia y Gran Bretaña consideraron que el Gran Ducado había puesto fin a su neutralidad y se había unido al campo de los Imperios Centrales. Tratada como país enemigo por los aliados, Luxemburgo se enfrentó a problemas de abastecimiento. En otoño de 1918, cuando ya se vislumbraba el final de la guerra, el gobierno luxemburgués pidió a España que proporcionara al Gran Ducado la ayuda del Comité Hispano-Holandés para la posguerra. Sin embargo, el Ministro Plenipotenciario español en La Haya tuvo que señalar que sabía por el Marqués de Villalobar que los aliados se habían opuesto en el pasado a esta ayuda, especialmente Gran Bretaña, alegando que los ferrocarriles de Luxemburgo estaban en manos de empresas alemanas. A pesar de la oposición de los aliados, parece que el Marqués de Villalobar hizo todo lo posible para el abastecimiento de Luxemburgo, ya que la Gran Duquesa se lo agradeció en 1922.

Ya en el verano de 1918, al Marqués de Villalobar se le habían encomendado durante un breve periodo las relaciones diplomáticas hispano-luxemburguesas, al haber quedado Luxemburgo aislado de La Haya. El 4 de abril de 1922, el Marqués, en ese momento Embajador de España en Bruselas, recordó al Ministro español de Asuntos Exteriores el proyecto de su predecesor de acreditar al representante diplomático en Bélgica también en Luxemburgo, siguiendo el ejemplo de Gran Bretaña, y de adscribir así el Gran Ducado a la jurisdicción del Marqués. Este cambio se justifica por la ratificación, en marzo de 1922, del Convenio de 25 de julio de 1921 por el que se establece una unión económica entre el Gran Ducado de Luxemburgo y Bélgica. El Ministro aceptó y el 12 de junio de 1922 el Marqués de Villalobar fue acreditado como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante el Gran Ducado. El 28 de junio, solicitó una audiencia con la Gran Duquesa Carlota a través del gobierno de Luxemburgo para presentar sus cartas credenciales.

Nota del Marqués de Villalobar al Ministro de Estado luxemburgués, 28 de junio 1922, ANLux, AE-00465, 0114

El 2 de julio, el Mariscal de la Corte anunció que el Marqués sería recibido el 8 de julio a las 18.30 horas en el Castillo de Berg, que se serviría una cena en su honor a las 19.30 horas y que "los automóviles estarían a disposición del nuevo Ministro en las mismas condiciones que en la recepción solemne de Su Excelencia el Muy Honorable Sir George Grahame", es decir, el Ministro Plenipotenciario británico. El 3 de julio, el Ministro de Estado luxemburgués, Emile Reuter, informó al Marqués. En el marco del nombramiento por el Gobierno luxemburgués, el 6 de agosto de 1921, del ingeniero Jean-Baptiste Soisson como Cónsul del Gran Ducado en Madrid para negociar un acuerdo comercial con España, el jefe del gobierno del Gran Ducado se congratuló "de poder entablar relaciones con [Su] Excelencia y de poder contar con su amable colaboración con vistas a reforzar los lazos de amistad y fomentar las relaciones comerciales entre [los] dos países". Sin embargo, el Marqués tuvo que defraudar las expectativas de Reuter, y le telegrafió el 6 de julio que acudiría a saludarle personalmente antes de la audiencia, pero que su estancia sería corta y que esperaba tener otras oportunidades para permanecer en el Gran Ducado y reforzar las relaciones oficiales y privadas.

El Mariscal de la Corte al Ministro de Estado luxemburgués, 3 de julio 1922, ANLux, AE-00465, 0109

Mientras tanto, los preparativos iban a buen ritmo. Así, el Mariscal de la Corte intervino ante el Ministro de Estado para dar las órdenes necesarias para que una orquesta de una docena de miembros de la banda militar tocara en la cena del 8 de julio. Finalmente, la presentación de las credenciales tuvo lugar, como estaba previsto, el 8 de julio de 1922. La Gran Duquesa Carlota recibió en audiencia al Marqués y la Marquesa de Villalobar. Recibió noticias de la familia real española y agradeció la benevolencia del rey Alfonso XIII hacia su cuñada Zita de Borbón-Parma, antigua emperatriz de Austria, que fue recibida por el soberano en España. En el transcurso de la conversación, Carlota mencionó la mejor situación económica de España, que atribuyó al hecho de que el ancho de vía español era más estrecho que el de otros países europeos, lo que hacía que el reino no tuviera que poner a disposición su material rodante, a diferencia de Luxemburgo, cuyos vagones "corrían sabe Dios dónde" y sólo podían ser recuperados con gran dificultad. La Gran Duquesa impresionó al Marqués, que la consideró "sumamente enterada de todo y en extremo interesante y muy inteligente". Por la tarde, tuvo lugar una cena en honor del Marqués, a la que asistieron los jefes de misión residentes en el Gran Ducado. A la mañana siguiente, el Ministro de Estado recibió al Marqués a almorzar. Después, el gobierno le llevó a recorrer el país en coche, que le pareció hermosísimo, lleno de bellezas naturales de primer orden, de clima encantador, muy pintoresco, y tan pronto parece remedo de Suiza como de Escocia y no menos de nuestra hermosa Galicia”. Recorriendo el país desde la frontera alemana hasta los confines belgas, el Marqués vio “los castillos que fueron origen de la dinastía Orange-Nassau y de la de Habsburgo-Lorena” (no mencionó cuáles) y restos del paso de los españoles por el país”, incluyendo elementos de la Catedral de Luxemburgo y de la fachada del Gran Palacio Ducal.

Durante el primer año de su mandato, el Marqués de Villalobar tuvo que enfrentarse al hecho de que la administración luxemburguesa no había tomado aún plena conciencia de que el Gran Ducado ya no formaba parte de la jurisdicción de la legación española de La Haya, sino de la suya propia, y que seguía enviando diversos documentos a los Países Bajos y no a Bélgica. Posteriormente, la actividad del Marqués destacó especialmente por su contribución a la conclusión de un modus vivendi comercial entre la Unión Económica Belgo-Luxemburguesa y España, plasmado el 24 de abril de 1925 en un intercambio de notas entre los gobiernos español y belga y reproducido el 19 de mayo de 1925 en el periódico oficial luxemburgués Mémorial. La carrera del Marqués de Villalobar llegó a un abrupto final cuando murió en servicio en Bruselas el 9 de julio de 1926 a causa de una apendicitis.

Aunque menos visible en Luxemburgo que en Bélgica, el Marqués de Villalobar fue sin embargo protagonista de varias anécdotas recogidas por la prensa luxemburguesa. Así, el 28 de agosto de 1919, L'Indépendance Luxembourgeoise reprodujo un relato aparecido en los periódicos de Bruselas sobre un acontecimiento clave al comienzo de la guerra: «Entre otras cosas, se dice que el Sr. Max, el heroico burgomaestre, se entrevistó con el general alemán Jarowsky [en realidad: von Jarotzky], encargado de negociar las condiciones de la ocupación. Los ministros de América y España estuvieron presentes en el encuentro, que tuvo lugar el 20 de agosto [1914], en el ayuntamiento. En un momento dado, Jarowsky, irritado por la calma del burgomaestre, puso su revólver sobre la mesa. El Marqués de Villalobar, ministro de España, sacó sin palabras su browning del bolsillo y lo puso también sobre la mesa. El Sr. Max, sin preder su flema, tomó un lápiz y lo colocó delicadamente entre las dos armas. El general alemán creyó deber sonreír, y dijo: "Es una costumbre”. El Marqués de Villalobar respondió: "Yo también”. Y comenzaron las negociaciones».

Otras dos anécdotas fueron publicadas durante el mandato de Villalobar, el 2 de febrero de 1924, en el periódico De Gukuk [El Cuco], que citaba como fuente al secretario particular del ministro plenipotenciario chileno. Ambas eran bromas que el Marqués, que sufría deformidades físicas congénitas, había hecho presuntamente sobre sus prótesis. He aquí la segunda: «En ausencia de un ayudante, [el Marqués] pidió al ayuda de cámara del Hotel Beyens [el Gran Hotel Brasseur de Luxemburgo] que le desenroscase el pie esos días. Cuando el pobre Jean le miró asombrado y se atrevió a comentar: "Su Excelencia se digna a bromear", el Marqués cogió su pierna y comenzó a girarla. Entonces, con celo, Jean se inclinó hacia delante y desenroscó la pierna. Luego, el ministro le tendió su brazo que retiró de inmediato. Pero luego, Jean trató de agarrar la cabeza, el Marqués declinó con una sonrisa: "Puede que sea un diplomático", dijo el ministro, "pero aún así la necesito - para comer". ¡Y además solo tengo ésta!».

Finalmente, tras la muerte del Marqués, L'Indépendance Luxembourgeoise, en su número del 26 de julio de 1926, relató una historia trágica, de la época de la ocupación alemana de Bélgica: «Un día, una pobre mujer en llanto se presentó en la embajada y pidió que le presentaran al Marqués de Villalobar. No tardó en recibirla: le contó que su hijo, un niño de ocho años, acababa de ser detenido por abuchear a una patrulla y que un oficial alemán le dijo que el desgraciado iba a ser fusilado. El Marqués de Villalobar telefoneó entonces al Kommandatur con estas palabras: "¡Si se cometiera un crimen así, no permanecería ni una hora más en contacto con soldados que hacen la guerra a los recién nacidos!” Se comprendió que el embajador haría lo que dijo y el niño fue liberado inmediatamente».

Fuentes: Archivos Nacionales de Luxemburgo, referencias AE-00401, AE-00412 y AE-00465; documentos del Archivo Histórico Nacional, facilitados por Don José Saavedra-Ligne, Marqués de Villalobar; documentos facilitados por los Archivos de Arolsen; prensa de Luxemburgo.

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