Entrevista inédita con Su Alteza Real la Gran Duquesa María Teresa de Luxemburgo

Visita de S.A.R. la Gran Duquesa al Centro para el Desarrollo del Aprendizaje Gran Duquesa María Teresa
Visita de Su Alteza Real al Centro para el desarrollo del aprendizaje Gran Duquesa María Teresa
© Maison du Grand-Duc / Sophie Margue

Queridos amigos,

Para terminar marzo, mes de la francofonía y del plurilingüismo, tengo el gran honor de presentarles una entrevista con Su Alteza Real la Gran Duquesa María Teresa de Luxemburgo.

En esta entrevista inédita, S.A.R. la Gran Duquesa ofrece una reflexión muy personal sobre Su experiencia de niña criada en el exilio y el impacto que ha supuesto en Su relación con la lengua.

Me gustaría expresar en nombre del Foro Económico Hispano-Luxemburgués, mi más profunda gratitud a Su Alteza Real por la confianza otorgada. Mi agradecimiento también a la Embajada de Luxemburgo en España por apoyarnos en este proyecto excepcional.

Luis Sahún
Presidente del Foro Económico Hispano-Luxemburgués (FEHL)

Alteza Real, en una reciente entrevista con la revista luxemburguesa Télécran, mencionó su alegría por sentirse acogida en un país que, según ha comprendido, sería el suyo a partir de ahora.

Nacida en Cuba pero criada en Ginebra, en la parte francófona de Suiza, ¿Se definiría como francófona en su relación con la lengua?

Sí, absolutamente, soy francófona de corazón y, en cierto modo, puedo decir que es la lengua de mi corazón. Es sobre todo la lengua en la que hice mis estudios, porque hice el bachillerato francés. Por lo tanto, el francés es el idioma que mejor conozco, tanto escrito como hablado. Es una lengua magnífica y tiendo a pensar que cuando empiezas a soñar en una lengua, es porque te ha adoptado, como fue mi caso desde la infancia.

S.A.R. la Gran Duquesa María Teresa de Luxemburgo.
S.A.R. la Gran Duquesa María Teresa de Luxemburgo.
© Collections privées Emanuele Scorcelletti

De niña, siguió a sus padres al exilio a una edad muy temprana. ¿Cómo se siente una niña ante este cambio?

El cambio que provoca el exilio siempre es inquietante para quien lo experimenta. Creo que la gente rara vez deja su país, su familia y sus raíces por placer. Este cambio es aún más inquietante para un niño. Un ejemplo me viene a la mente con emoción, se remonta a la época en que salimos de Cuba y estábamos en Nueva York, yo debía tener cuatro años. Mi madre había escrito en mi libro de recuerdos: “María Teresa pregunta a menudo cuándo volvemos a casa”. El hogar era Cuba, por supuesto.

Sin embargo, creo que el exilio, aunque vaya acompañado de sufrimiento, también aporta una gran apertura a los demás, porque para adaptarse a un nuevo entorno hay que sumergirse necesariamente en una nueva cultura, la del país que te acoge.

En el centro: S.A.R. la Gran Duquesa en brazos de su abuela materna, María Teresa Batista-Falla y Bonet; a su derecha: Agustín Batista y González de Mendoza, abuelo materno; a su izquierda, Víctor Batista, tío materno. De pie, de izquierda a derecha: Laureano Batista, Julio Batista, tíos maternos. A la izquierda: Celia Cifuentes y su marido, Agustín Batista, tío materno. A la derecha: José Antonio Mestre y María Teresa Batista-Falla de Mestre, padres de S.A.R. la Gran Duquesa; Antonio Mestre, hermano mayor.
© Collections privées.

¿Qué recuerdos tiene de su país natal?

Aunque sólo tengo unos vagos recuerdos de mi vida en La Habana, hay algo que me ha marcado profundamente a lo largo de mi formación, y es “el temperamento cubano”. Es una verdadera suerte crecer en una familia cubana, por su calidez, su vivacidad, su ritmo de alegría y vida. Estoy imbuida de este estado de ánimo, y por eso estoy tan apegada a mis raíces cubanas.

También tuve la suerte de crecer en el seno de una familia maravillosa, conocida por su filantropía en Cuba, que me transmitió valores muy importantes para mí, me transmitieron muy pronto una máxima: “cuando has recibido mucho, debes dar mucho”. Es este estado de ánimo el que me inspiró a involucrarme en la ayuda humanitaria, y el que me ha guiado en todos mis compromisos.

¿En qué idioma se ha criado? ¿Qué importancia tenía el idioma español en particular?

Tengo la suerte de haber crecido en un entorno multilingüe, donde hablaba tres idiomas. En mi familia y en mi casa, hablaba español. Es una lengua preciosa que me gusta especialmente, que es también la lengua de mi corazón y la de mis orígenes. Es una lengua que remite a mi temperamento, que es muy latino, ¡y estoy muy contenta de haberla conservado siempre!

También crecí con el inglés, que era el idioma que hablábamos con el ama de llaves inglesa que nos cuidaba, y que formaba parte de nuestra familia, ya que pasó diecinueve años con nosotros. Y, por último, el francés, la lengua de mi escolarización, que ya he mencionado.

S.A.R. la Gran Duquesa María Teresa de Luxemburgo, de niña.
© Collections privées.

¿Se ha reflejado el cambio de país en su relación con la lengua?

Diría que mi condición de exiliada me ha dotado sobre todo de una gran capacidad de adaptación, al país que te acoge por supuesto, y por tanto necesariamente a su lengua. Es una verdadera riqueza que pude adquirir de forma muy natural desde la infancia. Pude descubrir cada nueva lengua con alegría, pero más allá de eso, aprendí que a una lengua le corresponde una cultura, una forma de pensar, que se encuentra en las expresiones de la lengua, y que habla de una “forma de ser”.

Esta relación con la lengua y la cultura me interesa enormemente y siempre me ha parecido fascinante y una gran ventaja. Nacer en Cuba, crecer en Estados Unidos y luego en Suiza y casarme y vivir en Luxemburgo: todas estas culturas a las que he estado expuesta me han enriquecido y han hecho de mí lo que soy hoy.

La lengua luxemburguesa que tuvo que aprender como futura Gran Duquesa, ¿cómo la abordó, le facilitó la experiencia del multilingüismo?

Cuando me casé, quise aprender enseguida el idioma de mi nuevo país, el luxemburgués. Tuve la suerte de cursar el alemán como tercera lengua en el colegio y, al ser la gramática luxemburguesa en gran parte germánica, el alemán me ayudó a captar mi nueva lengua con mayor facilidad.

Tengo la suerte de tener un oído bastante musical y capto rápidamente los acentos, lo que me ha facilitado el aprendizaje de idiomas.

Una de las características más interesantes de Luxemburgo es que tiene tres lenguas oficiales: luxemburgués, francés y alemán, y una lengua nacional que es el luxemburgués. Las lenguas portuguesa e italiana han llegado a través de la inmigración para enriquecer nuestra cultura. Este aspecto multilingüe y multicultural hace de Luxemburgo un país muy abierto al mundo.

Familia Gran Ducal de Luxemburgo.
© Cour grand-ducale Lola Velasco

¿Cuál fue su experiencia cuando regresó por primera vez a la tierra de su primera infancia, qué le llamó la atención? 

Mi primer regreso a Cuba, en 2002, fue una experiencia muy fuerte. Cuando creces fuera de tu cultura natal, hay muchas cosas de tu forma de ser que no siempre aprecias o incluso entiendes en su justa medida, y en algún lugar anida en tu corazón una nostalgia que no dice su nombre.

Comprendí quién era cuando volví a Cuba. Descubrí a través de esta hermosa isla y de este maravilloso pueblo cubano, por qué me gustaba reír, por qué me gustaba bailar, tantas cosas en mí que tomaban sentido, y que me pertenecían totalmente…. Cuando conocí a los Cubanos y vi su forma de ser, su apertura a los demás, su sonrisa, su acogida, su ritmo y su música, me encontré a mí misma, ¡y eso tiene una fuerza extraordinaria! Es algo que te hace sentir en paz contigo mismo, especialmente cuando vives en culturas muy diferentes a tu temperamento o a tu cultura de origen. Esta etapa de mi vida me ha ayudado enormemente a construirme a mí misma y a sentirme feliz, además de descubrir una isla absolutamente magnífica a la que estoy muy unida.

Usted fue una de las primeras personalidades en Luxemburgo que abordó el tema de la dislexia, la relación con el lenguaje más allá de la sintaxis y la gramática es obviamente un tema al que le da gran importancia. ¿Podría hablarnos de ello?

Al tener un hijo disléxico, que tuvo la valentía de hablar sobre el desafío que ello supone, he vivido de primera mano el problema de las dificultades de aprendizaje y el gran sufrimiento que esto representa, tanto para el niño como para los padres. También puede ser un sufrimiento para los profesores, que no siempre saben cómo abordar estas complejas cuestiones.

Con el foro internacional que inicié y que organizó la Fundación del Gran Duque y la Gran Duquesa, quise dar esperanza a los niños y a los padres que se enfrentan a este problema, y aunque la comprensión y la ayuda a los niños ha progresado, todavía queda mucho por hacer, porque los jóvenes con dificultades de aprendizaje están muy dotados en multitud de áreas y son verdaderos activos para la sociedad, ¡si conseguimos ayudarles a desarrollar todo su potencial!