ESPAÑOLES EN LUXEMBURGO
Leopoldo Calvo-Sotelo, juez español del Tribunal General de la Unión Europea: “Luxemburgo es un país bien gobernado, tanto a escala municipal como nacional”

Leopoldo Calvo-Sotelo Ibáñez-Martín
Leopoldo Calvo-Sotelo Ibáñez-Martín.

Leopoldo Calvo-Sotelo Ibáñez-Martín vive en Luxemburgo desde abril de 2016, tras ser nombrado juez español del Tribunal General de la Unión Europea. Hasta ese momento, había estado en el país en dos ocasiones, en 1983 y 1991. “En ambos casos mi visita se limitó al Tribunal de Justicia y al antiguo centro de la ciudad”, recuerda Calvo-Sotelo, que en los últimos tres años ha podido resarcirse de la brevedad de aquellas estancias.

“No sólo he podido conocer mucho mejor la ciudad de Luxemburgo y sus distintos barrios, sino el resto del país”, apunta el magistrado sobre una lista de excursiones que sigue creciendo y donde no faltan Ettelbrück, Ecthernach, Esch-sur-Alzette y el campus universitario de Belval, Wiltz, Remich, Wasserbillig, Esch-sur-Sûre, Larochette, Vianden, Clervaux o Mondorf-les-Bains.

Calvo-Sotelo añade que han sido viajes rodeados de naturaleza y de historia“Entre los mejores atractivos del país están los ríos y los castillos. Tanto el Mosela como la Sûre atraviesan paisajes con mucho encanto.  La red de castillos está muy cuidada y los hay de tipos muy diversos, y siempre se dispone de buena información sobre ellos.  En ese sentido, el Museo de Maquetas de Clervaux es ejemplar”.

De los espacios que frecuenta con asiduidad se queda con el castillo nuevo de Ansembourg, “por sus maravillosos y solitarios jardines” y, en la cotidianeidad del día a día, sin salir del barrio en que vive, Limpertsberg, “la iglesia neo-románica de San José y acogedores locales como el supermercado Cactus o el restaurante chino Confucius”.

Con la intención de que quedarse en Luxemburgo “aún por algún tiempo”, Calvo-Sotelo no olvida otra de las ventajas del país: la convivencia con personas de múltiples nacionalidades, una fortaleza que discurre “de manera natural y fluida” en el Tribunal.

Tanto en su trabajo como en el tiempo que dedica al ocio, lo que más le ha sorprendido del país es “lo agradable del tono de vida”. Considera que Luxemburgo es un país bien gobernado, tanto a escala municipal como nacional. “Un buen gobierno que es transparente y que no se hace notar en la vida diaria. La sociedad civil vive en paz, sin tensiones aparentes”, concluye.