Jean Portante: “Nuestros recuerdos transforman la memoria cuando les ponemos palabras”

Jean Portante
Momento de la velada literaria con el escritor luxemburgués Jean Portante.

Poeta, novelista, traductor, periodista… Jean Portante (Luxemburgo, 1950) es una referencia de las letras europeas. Una velada con el Premio Nacional de Literatura de Luxemburgo en 2011 ha servido para retomar la agenda de actos presenciales de la Embajada de Luxemburgo en España. Durante su intervención en la Fundación Carlos de Amberes, escenario del acto, y en presencia del propio Portante, el embajador de Luxemburgo, Christian Biever, celebraba haber empezado a desempeñar su actividad en un país “abierto y amable” como España. Biever resaltaba la figura de Jean Portante, “un escritor ilustre que desde los años 70 no ha cesado de reflexionar sobre los límites del multilingüismo”.

“En sus libros –añadía el embajador- se produce un nexo entre dos culturas. Portante vuelve a Italia, el país del que es originaria su familia, un hecho que engarza con su vida en Luxemburgo empleando el vehículo de la literatura. En mi caso, mi madre es gallega. España y Luxemburgo están conectadas para mi gracias al trabajo diplomático”.

Las obras protagonistas del acto fueron el poemario El juego de la memoria y el olvido, y la novela Mrs. Haroy o la memoria de la ballena. Poeta fundamental de la cultura europea desde que en 1983 publicara Fuego y Barro, Martín López-Vega, director del Gabinete de Dirección del Instituto Cervantes, apuntaba que los quince poemarios de Portante publicados hasta la fecha compiten en lucidez. El juego de la memoria y el olvido es un valiosísimo libro, de una curiosidad exacerbada y libre de prejuicios”.

Junto a la nítida influencia de Rimbaud o Baudelaire, López-Vega añadía que Portante no se deja llevar, sino que su imaginación está guiada por un pensamiento bien atinado. “Hablamos de la lógica poética, que piensa con palabras e imágenes. La poesía limpia las palabras de impurezas. Este libro contiene un buen número de instrucciones sobre nosotros mismos. No dejen de leerlo”, concluía el representante del Instituto Cervantes.

“El poeta no suele hablar de su poesía, para eso están sus libros. Y un libro de poesía tiene tantas interpretaciones como lectores”. Jean Portante aludía a las varias intimidades que entran en juego en el terreno literario. “El poeta y el lector tienen universos distintos. Las grandes obras de la literatura universal fueron traducidas muchas veces. El resultado siempre fue nuevo. Esa es una buena señal. Si un libro tiene una sola interpretación, no es literatura”. En El juego de la memoria y el olvido el autor admitía haber puesto en práctica un juego. “Nuestros recuerdos transforman la memoria cuando les ponemos palabras. Se convierten en otra cosa”.

Portante habla italiano, luxemburgués, francés, alemán, inglés y español. Una capacidad que le ha llevado a la paradoja y que siempre ha influido en la construcción de su obra. “Mi primer poemario lo escribí en francés. Aunque mi lengua materna era el italiano, no sabía escribirlo en ella, me fue transmitido de forma oral. Me entristeció cuando tuvieron que traducirme en Italia”.

El escritor se propuso entonces encontrar una lengua propia. “Si Lorca escribe en Lorca, y Baudelaire en Baudelaire, debía dar con mi voz”. Un recuerdo de infancia le ayudó decisivamente en la búsqueda. En los años 50, una ballena disecada fue exhibida en diferentes países de Europa, también en Luxemburgo. “La ballena me dio mi idioma. Escribo en lengua ballena”, aseguraba Portante. “En cierto momento, hace miles de años, las ballenas abandonaron la tierra firme y migraron al mar. Fue quizá el primer mamífero migrante. Yo también me siento así”.

Poco a poco, las ballenas se adaptaron al medio marino. Cambió su forma, las patas se convirtieron en aletas. Pero dejaron algo. Quizá lo que consideraban más valioso: el pulmón, que les obliga a salir a la superficie como mucho cada treinta minutos. “Igual que ellas, yo no quise desprenderme de lo más preciado de mi vida anterior, una italianidad y una lengua que escondo, como la ballena el pulmón, detrás del francés”.

Portante recordaba que durante un tiempo, sus libros tenían que leerse con un manual de instrucciones. Oscilante entre dos lugares, Italia y Luxemburgo, el escritor percibe que su obra está en un territorio indefinido que se parece al de los tiempos actuales. “Nos ha tocado vivir un momento a caballo entre dos épocas. Nos angustia porque no sabemos dibujar el porvenir, pero hubo otros muchos así en la historia. Aprovechemos la oportunidad”.