Conversación con el escritor luxemburgués Jean Portante

Con motivo de la traducción al español de su obra Mrs Haroy o la memoria de la ballena, publicada por la editorial UTOPIA LIBROS, y traducida por Carmen Exposito Castro, Michèle Pranchère-Tomassini, embajadora de Luxemburgo en España, ha charlado con el escritor Luxemburgués Jean Portante.

Jean Portante

Bildungsroman de un escritor luxemburgués de origen italiano que escribe en francés, fue publicado hace unos meses en español, ¿en qué idiomas se ha traducido antes?

Italiano, portugués, alemán, húngaro, rumano y español…

Dado que el texto evoca los orígenes italianos del autor, casi requería una traducción al italiano, ¿cómo eligió las otras traducciones?

Sí, la italiana fue la primera, hizo de alguna manera que la ballena viajara hacia el origen… es decir hacia mi lengua materna… La segunda, la alemana, nació de la primera (traducción), habiendo la traductora leído el libro primero en italiano… Varias traducciones, la rumana, la española o la portuguesa, son el resultado de encuentros a quienes di a leer el libro y que les gustó… En cuanto al húngaro, fue un editor que no conocía el que se puso en contacto directamente con el editor luxemburgués para confiar la obra a un traductor que tampoco conocía, a diferencia de los otros… y esto en un idioma del que no puedo descifrar ni una sola palabra…

¿Y la traducción española?

Es una historia que ha dormitado durante muchos años… En un festival, Cosmopoética, en Córdoba, hace más de quince años, conocí a una traductora, Carmen Expósito Castro, quiso traducir la novela. Lo hizo durante largos años, la dejó dormir, luego, cuando se abrió la perspectiva de un editor, la retomó, hace aproximadamente un año, la releyó, la corrigió, hasta que estuvo listo…

Menciona un festival de literatura en Córdoba, ¿qué representan estos eventos en su vida como escritor? Usted mismo fue uno de los impulsores de las Jornadas Literarias de Mondorf, que se celebraban cada año desde los años 60 en la ciudad balneario de Mondorf, en Luxemburgo: si tuviera que volver a hacerlo, y teniendo en cuenta experiencias como la pandemia, ¿cómo lo haría?

Hay festivales en todo el mundo, e incluso muchos, y para mí son lugares de enriquecimiento… Así pude conocer en carne y hueso a la mayoría de los grandes poetas del mundo. En ellos nacen muchas amistades. La del poeta argentino Juan Gelman fue crucial para mí. Lo conocí por primera vez en Medellín, Colombia, en 1994, y hoy soy su traductor al francés. En España no faltan festivales. Entre los más interesantes están los de Córdoba (Cosmpoética) y A Coruña (POETAS DI(N)VERSOS). En el marco de Cosmopoética, hay un taller de la traducción colectiva, allí fueron traducidos algunos de mis poemas, que más adelante dieron a un libro en.. Perú.

Y sí, en Luxemburgo, por iniciativa de Anise Koltz, nacieron en 1963 las Jornadas Literarias de Mondorf, para reunir principalmente a escritores alemanes y franceses, ya que ambos países se habían desgarrado por la guerra. Luego se interrumpieron. Y en 1995, el año en que la ciudad de Luxemburgo se convirtió por primera vez en Capital Europea de la Cultura, Anise Koltz me pidió que los reviviéramos. Esta vez, el paradigma político había cambiado, y era el encuentro Este-Oeste el que primaba. Duraron hasta 2003, y luego se quedaron sin aliento. Participaron cientos de escritores.

Hoy en día, la brecha Norte-Sur está a la orden del día, y los nuevos días de Mondorf la convertirían sin duda en su tema. La nueva generación debe tomar la antorcha. Las herramientas de la pandemia podrían ser útiles, estoy pensando en las videoconferencias. Los festivales literarios del futuro serán probablemente híbridos, con invitados in situ, y otros que aparecerán en pantallas… Durante la pandemia hubo muchos, pero muchos, encuentros virtuales. Eran más fáciles de organizar y, sobre todo, menos costosas (gastos de viaje, alojamiento, etc.). He viajado virtualmente a una veintena de países. Probablemente dejarán su huella en la fórmula híbrida.

¿Son los festivales lugares de intercambio esenciales para la creación literaria? ¿Podemos ver en Juan Gelman, poeta argentino, su iniciador en el mundo y la literatura iberoamericana?

Los festivales que privilegian sobre todo el encuentro entre poetas –los novelistas parecen más solitarios- son, sin duda, lugares privilegiados para el intercambio. El poeta argentino Juan Gelman, no fue en realidad mi iniciador en el mundo literario iberoamericano puesto que antes de conocerlo viví tres años en La Habana donde tuve mi primer encuentro con ese mundo, fue más que eso: fue una especie de iniciador poético para mí. De él aprendí esencialmente que escribir poesía es sobre todo inventar una lengua. Gelman no escribe en castellano, escribe en Gelman (como Proust escribe en Proust, o Rimbaud en Rimbaud). Todo poeta debe inventar su propia lengua, de lo contrario imita la lengua de otros. Gelman me abrió los ojos a esto. Le debo mi “lengua ballena”.

Su estilo suscita sin duda un interés por la traducción porque los traductores encuentran en ella nuevos desafíos. Al leer Mrs Haroy o la memoria de la ballena, se entiende que usted ha crecido con dos idiomas, el italiano, o más aún el italiano de los Abruzzos, la lengua que habla su familia italiana originaria del pueblo de San Demetrio cerca de l’Aquila y luego el luxemburgués, el de Differdange y quizá el de Esch, dos ciudades que marcarán su infancia, dos acentos diferentes. Sin embargo, en lugar de elegir entre el italiano y el luxemburgués, adopta la lengua francesa para su obra literaria. ¿Puede hablarnos de esa elección?

En lo concerniente a la elección de mi lengua de escritura, sí, opté por el francés, que, al principio, al ser primo del italiano, me resultaba más cercano que el luxemburgués…

El francés, porque el italiano, que hablaba en casa, o más bien el abruzziano… no lo había aprendido en la escuela luxemburguesa…así que no sabía cómo usarlo. Pero muy pronto empezó a trabajar en mí. Y se deslizó en retazos en mis poemas. Esto me ha llevado a inventar una lengua nueva que he llamado lengua ballena: una lengua que parece francesa, pero en la que “respira” el italiano.

Siempre pongo el ejemplo de la palabra «pelle» cuando intento explicarme. Esta palabra existe tanto en francés como en italiano. Pero no significa lo mismo.  La «pelle» italiana es la piel.Cuando utilizo la palabra francesa «pelle», pienso no sólo en la pala, sino también en la piel, y toda la metaforización se altera…

Dicho esto, el italiano ha tomado gradualmente más espacio en mi escritura. Hasta el punto de que hace dos años escribí, a petición del editor italiano RAFFAELLI EDITORE, un libro directamente en italiano. Esto no significa que deje de escribir en lengua ballena (que tiene el aspecto del francés que he aprendido en la escuela luxemburguesa), pero ahora mis libros tendrán un doble, una sombra, en italiano…

¿Pero qué hacer entonces con la lengua luxemburguesa? Me llegó por la calle, a través de amigos, pero bastante tarde. Ocurrió, en efecto, que mis padres decidieron en 1955 -yo tenía entonces cuatro años y medio- “volver” a Italia. Nos quedamos allí hasta el otoño de 1957, por lo que hasta los 7 años no entré en contacto con el luxemburgués. Al mismo tiempo que el alemán y el francés. Así que el luxemburgués no ha sido una lengua de mi primera infancia. Pero quizás, si la escuela lo hubiera consolidado en mí, que no fue el caso, se hubiera manifestado en el momento de escribir. Sin embargo, si el francés se impuso al principio, cuando escribí mis primeros versos, fue sin duda porque, al haber pasado cuatro años en Francia -mis años de universidad- y haber sido después profesor de francés, se convirtió en una lengua, digamos, de profesión, de oficio. El que mejor conocía, en todo caso.

Dicho esto, en general, creo que ningún escritor escribe en su lengua materna, por la sencilla razón de que es oral, y que la palabra escrita nos la da la escuela. Así mismo, de manera también general, creo que todo escritor debe forjar su propia lengua. Así nació la lengua ballena, que extrae de la infancia el origen perdido y tanto lo sublima como lo profana en la escritura…

La ballena, demasiado pesada para seguir viviendo en tierra, sobrevive volviendo al agua, vía sin retorno. Usted hace de esta condición el emblema del migrante. No hay vuelta atrás. Pero hay un nuevo mundo donde un ciclista luxemburgués, Charly Gaul, flanqueado por su indispensable mecánico italiano, Mario Ottuzzi, gana el Tour de Francia. Es el 20 de julio de 1958, fecha también del nacimiento de la hermana menor del narrador. Usted escribe: “A partir de hoy nada será como antes. El futuro ha comenzado por fin para mí. ” ¿Es la entrada a la sociedad del espectáculo, la que evoca Guy Debord?

La ballena es, sí, una migrante. Y es probablemente la migración la que le ha evitado la extinción. Es la suerte de los migrantes de hoy y de todos los tiempos. No nos vamos porque queramos o porque vayamos a robarle algo a alguien. Nos vamos porque no tenemos elección. La guerra, el hambre, la violencia o los tres expulsan a los migrantes de sus hogares. En el mejor de los casos, nos vamos para poder vivir una vida mejor en otro lugar. ¿No es esto propio de lo humano, y de cualquier otro animal: buscar el mejor lugar posible para vivir? Sin embargo, se ha convertido en un crimen…

La pareja Gaul-Ottuzzi es emblemática de lo que puede aportar la migración. El mecánico italiano no le robó nada al corredor luxemburgués, no le quitó nada, al contrario, le dio algo, concretamente, le abrió el camino a la victoria en el Tour de Francia. Entre los migrantes hay de todo, por lo tanto, también buenos mecánicos, o médicos, arquitectos, escritores, etc…así como personas sin nada al no tener derechos. El más famoso de los migrantes, y que se parece más a los que llegan desde Siria, Libia, Malí o desde otros lugares, es Eneas, el héroe virgiliano de la Eneida (lo incluyo en la novela que acabo de terminar).

Huye de su ciudad, Troya, destruida por la guerra, pero cuando después de numerosos naufragio llega a Italia, funda Roma, y por lo tanto una gran parte de la civilización que es la nuestra… Dependemos de esa migración.

En cuanto al nacimiento de la hermana del narrador, no abre la puerta debordiana de la sociedad del espectáculo, sino más íntimamente la del desarrollo del narrador. Hasta entonces era el eterno número dos, hermano menor de un hermano mayor, obligado a poner por todas partes sus pasos en los de el, y con el nacimiento de la hermana, todo esto se reequilibra, ahora es el niño del medio…

Después de la Pascua vivida en San Demetrio, momento místico en la experiencia del niño narrador, después del disgusto experimentado en Differdange ante el falso altar construido para entrenarse a celebrar la misa reducida a su mobiliario y su gestualidad, ¿Es la escritura el Pentecostés liberador? ¿Una escritura en la que no faltarán, como en el falso altar, las “bougies”, en francés, las que al niño narrador la palabra italiana bugie evoca las mentiras, las que el niño utiliza para desenvolverse y hacerse respetar?

Con la palabra « bougie » (vela) la lengua ballena entra en la novela de las ballenas a la novela de las ballenas, y así una lengua que es, al menos, doble… Todo esto en un ambiente de Torre de Babel en casa de los Nardelli, ya que varias lenguas se cruzan alrededor de su mesa…

Ahora bien, Babel es un castigo que Pentecostés viene a corregir. En Babel, Dios quiere separar a los seres humanos por la lengua, para que no se entiendan. Pentecostés, en cambio, es el símbolo del retorno de las lenguas que permiten a las personas comunicarse… Dicho esto, mi infancia, como casi todas las de mi generación, estuvo bañada por un ambiente católico, de ahí las numerosas alusiones a la primera comunión (que es donde termina el libro) o a la confesión…Pero todo esto se equilibra con el ambiente, digamos rojo en casa… Estamos en cierto modo en un decorado tipo Don Camilo y Peppone, o más bien en la burla que se le atribuye.

Refiriéndose a la antigua mina de Thillenberg y a los mineros que perdieron la vida en ella, usted dice que es la mayor fosa común de Differdange. También menciona la sorda indignación de los mineros italianos ante el monumento del parque Gerlache dedicado al Dr. Emile Mark, el alcalde, que por muy progresista que fuera, disparó a los mineros en huelga en 1912. Mucho antes del actual debate sobre los monumentos, usted describe un profundo malestar. ¿La ciudad de Differdange ha reaccionado a su novela en este sentido?

En cuanto al Thillenberg, si leen los periódicos de las décadas de 1920 y 1930, no es raro encontrar crónicas de accidentes en la mina, y las víctimas suelen a menudo tienen nombres italianos …He aquí otro ejemplo más de la contribución de la migración: la riqueza de Luxemburgo se basa en el hierro extraído de las minas y, por tanto, en gran medida en los brazos de los migrantes italianos, los mismos italianos que, como albañiles, han construido con sus manos muchas casas en las que viven los luxemburgueses… Ahora, en ninguna parte, o casi, vemos placas conmemorativas de las víctimas, digamos extranjeras, de la mina… Y cuando los mineros, los obreros, exigieron unos céntimos más, en sus sobres de paga y se declararon en huelga, en 1912, fueron tiroteados en Differdange…

Sí, fue bajo el mandato del alcalde Émile Mark, que de hecho tiene un monumento en el parque Gerlache y una calle en Differdange, así que, aunque sólo sea para reequilibrar los hechos históricos, ¿No debería erigirse también un monumento a los obreros asesinados…?

Hablo de ello además de en Mrs Haroy, en mi novela Mourir partout sauf à Differdange, por ejemplo. Y a hora me culpan un poco en Differdange, por el título que se puede leer de dos maneras…No han visto que puede, por ejemplo, significar que quedarse en Differdange significa vivir… pero bueno.