José María Ballester: “Europa es una forma de ciudadanía democrática”

Hablamos con uno de los impulsores de los Itinerarios Culturales del Consejo de Europa, iniciativa que acaba de recibir el Premio Carlos V de Fundación Yuste

José María Ballester en la Fundación Carlos de Amberes. Imagen: Julia Robles.
José María Ballester en la Fundación Carlos de Amberes. Imagen: Julia Robles.

Funcionario internacional, antiguo Director de Cultura, Patrimonio Cultural  y Natural del Consejo de Europa, José María Ballester reconoce que tuvo la fortuna de poder ejercer su actividad profesional “al hilo de la evolución que el término patrimonio ha desarrollado en la sociedad de nuestro tiempo y, de manera cada vez más visible, en el proceso de mutación social que vivimos”. 

Parte del impulso del Consejo de Europa para que cristalizara el concepto de patrimonio como elemento de nexo de unión en el continente fueron los Itinerarios Culturales, una iniciativa que acaba de recibir el Premio Carlos V de la Fundación Yuste de manos del Rey Felipe VI. Un galardón que para Ballester supone “alegría, profundo agradecimiento, y que compensa los esfuerzos iniciales para lanzar el Programa, donde fueron importantes muchas personas, comenzando por el entonces secretario general del Consejo de Europa, Marcelino Oreja, y representantes de otros países que supieron ver en los Itinerarios un verdadero elemento de cohesión europea”. Ballester añade el ejemplo de Luxemburgo, con la creación del Instituto Europeo de Itinerarios Culturales “que hoy rige este Programa de forma admirable”.

Su diálogo directo con el arte y la cultura viene de lejos. Fue periodista cultural –en el Diario Madrid, ABC y el suplemento Blanco y Negro- y Comisario de Exposiciones en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Sobre el origen de esta profunda inquietud, Ballester viaja hasta su infancia segoviana, primero en Sepúlveda y a aquellos veranos de tres meses, “con baño en el río Duratón por las mañanas, caminatas por el monte a la tarde y visitas regulares a las iglesias románicas del pueblo y alrededores, guiados por mi padre”.

Más tarde, en la ciudad de Segovia, integrado en la que define como “tribu familiar”, José María Ballester recuerda al “patriarca”, el marqués de Lozoya, y a los “animadores” Luis Felipe de Peñalosa, entonces director del Museo Provincial e Isabel Ceballos-Escalera, que se jubiló como directora del Museo Nacional de Artes Decorativas. En aquel contexto, y en un ambiente propicio, se aproximó a la noción de paisaje que, medio siglo después, pudo coronar abriendo a la firma, en Florencia, el Convenio Europeo del Paisaje, primer tratado internacional que regula la gestión del paisaje en Segovia.

Itinerarios Culturales Europeos

Si volvemos a uno de los hitos de su carrera, Ballester invita a situar el lanzamiento de los Itinerarios en su contexto, un momento muy particular. “El Consejo de Europa siempre dedicó una atención preferente al papel de la educación y de la cultura en el proceso de construcción europea”, pero fue en 1975, después de la gran Campaña del Año Europeo del Patrimonio donde Ballester marca un punto de inflexión. “El patrimonio empezó a ocupar un papel importante en el programa de cooperación intergubernamental del Consejo de Europa y también en sus instancias parlamentarias y de representación de los poderes locales y regionales”. 

Para que el Programa viera la luz, fue necesaria la cooperación entre los distintos gobiernos, que lo estructuraron en cuatro grandes capítulos. “En primer lugar, la cooperación política, mediante la convocatoria de conferencias regulares de ministros europeos responsables de patrimonio cultural y la redacción de convenios o tratados internacionales” (patrimonio arquitectónico, patrimonio arqueológico, paisaje, el papel del patrimonio en la sociedad). 

Ballester apunta que el segundo capítulo estuvo consagrado a la evolución de la noción de patrimonio cultural, “hasta alcanzar este concepto su envergadura actual”. El tercero fue un apartado de intervención, a través del Programa de Cooperación y de Asistencia Técnica entre los países europeos. Por último tuvo lugar el inicio de toda una serie de acciones de sensibilización y difusión del patrimonio: Clases Europeas de Patrimonio, Jornadas Europeas de Patrimonio “y, sobre todo, el Programa Europeo de Itinerarios Culturales, a partir del lanzamiento del Camino de Santiago en el año 1987”.

De nuevo en el presente, Ballester alaba la buena salud del Programa, que “ha seguido una trayectoria de permanente expansión inscrita en su propia naturaleza”, una vocación “encaminada a identificar aquellos hechos históricos que vincularon a muchos países y a sus ciudadanos en diferentes aspectos de la Europa que hoy queremos unida. Son vectores muy importantes para despertar la conciencia europea de los ciudadanos, para “coser” su diferentes territorios y culturas y para crear una cohesión de la sociedad europea que todavía no hemos logrado”.

Sobre este último punto Ballester percibe como necesaria una mayor implicación tanto de los gobiernos, “en todos sus niveles”, como de los ciudadanos para que cobren conciencia “de la potencialidad de estos itinerarios en la construcción de una Europa unida”.

Todo ello en un tiempo en el que crecen las opciones políticas que van a la contra de esa cohesión. Ballester es optimista con el papel que pueden seguir jugando la cultura y el patrimonio para que no olvidemos que, ante todo,  “Europa es una forma de ciudadanía democrática cuyos fundamentos hay que buscar en esos valores de orden espiritual, ético e intelectual que han forjado, en un largo proceso, abierto a muchas otras manifestaciones culturales, lo que hoy denominamos Europa”. A esta reflexión, Ballester añade que el patrimonio cultural encarna, “en buena medida”, la expresión material de esos valores. “Solo nos queda ser capaces de potenciarlo, como hace el Instituto Europeo de Itinerarios Culturales de Luxemburgo”.