“Es momento de hacer valer el auténtico significado de la palabra Unión y de trabajar para conseguir una mayor autonomía de Europa”

Entrevista a Michèle Pranchère-Tomassini, embajadora de Luxemburgo en España y a Bernardo de Sicart Escoda, su homólogo español en el Gran Ducado

Michèle Pranchère-Tomassini, embajadora de Luxemburgo en España. Pie de foto: Bernardo de Sicart Escoda, embajador de España en Luxemburgo.
Michèle Pranchère-Tomassini, embajadora de Luxemburgo en España.
Bernardo de Sicart Escoda, embajador de España en Luxemburgo.

La tarea diplomática, basada en la conversación y el encuentro personal para establecer y mantener las relaciones entre estados en un punto favorable a los intereses de los mismos, se ha visto sensiblemente afectada por la extensión del Covid-19 y la adopción de medidas excepcionales para combatir la pandemia: cese de actividad económica, confinamiento, cierre de fronteras y limitaciones a la movilidad. Una realidad inédita ante la que la actividad de las embajadas se ha multiplicado y, sobre la marcha, se han establecido nuevos protocolos de actuación que permitan reducir los tiempos de respuesta y agilizar gestiones de máxima urgencia para ciudadanos y gobiernos.

Para conocer de primera mano cuál está siendo  el papel de las embajadas durante la crisis hemos entrevistado a Michèle Pranchère-Tomassini, embajadora de Luxemburgo en España y a Bernardo de Sicart Escoda, embajador de España en el Gran Ducado. Ambos coinciden en que su trabajo ha ido cambiando al ritmo que evolucionaba la pandemia, destacan de los últimos meses la intensificación de los recursos para atender desde las secciones consulares las demandas informativas y de soporte a los ciudadanos de ambos países.

Intensificación del trabajo consular

«Nuestra vida, como la de tantos otros ciudadanos en el mundo, cambió de la noche a la mañana y todo el personal de la embajada ha teletrabajado desde el pasado 11 de  marzo. No fue una decisión fácil de tomar; mis autoridades entendieron la medida y la aprobaron a posteriori; algo por lo que estoy muy agradecida», afirma Pranchère-Tomassini. La embajadora de Luxemburgo en  España  añade que, al tiempo que se habilitaban los equipos adecuados para el trabajo en remoto, fue necesario un incremento inmediato de la disponibilidad de equipos, que fue máxima en el momento álgido de la crisis y la sección consular de Madrid, se movilizó durante los siete días de la semana para dar respuesta a lasdemandas de ciudadanos luxemburgueses que estaban ansiosos por regresar a su país. «Los niveles de estrés y fatiga son altos, ya que somos pocos en número y  hemos de ser respetuosos con nuestros propios límites y organizar los tiempos de descanso por rotación”, añade.

Desde la embajada de España en Luxemburgo, su máximo responsable, Bernardo de Sicart Escoda destaca que “la embajada se transformó para ser más útil a sus ciudadanos y a los ciudadanos luxemburgueses mediante una flexibilización de sus horarios y una atención personalizada”. Dentro de esta transformación, destaca que “en un primer momento, el papel era aconsejar a nuestros ciudadanos sobre cómo proceder si querían salir del país y también sobre las amplias facilidades sanitarias que el Gobierno de Luxemburgo había puesto en marcha para atender la crisis sanitaria”. A medida que las conexiones aéreas y los controles fronterizos comenzaron a hacerse sentir sobre las condiciones de movilidad, “la Embajada ha tratado de facilitar información sobre las alternativas de transporte disponibles y los requisitos documentales establecidos por los países de tránsito para los viajes por carretera y por ferrocarril; hasta que llegó un momento en que nuestro principal cometido fue desaconsejar la salida de Luxemburgo hacia España salvo por motivos verdaderamente urgentes o de necesidad”, añade.

“Puesto que respetar las normas de confinamiento se ha revelado como el instrumento más útil para controlar y disminuir  la expansión del virus, nuestro deber como ciudadanos para acabar con este riesgo era cumplirlo y recomendar su cumplimiento”, apunta de Sicart Escoda. Un deber y una responsabilidad también destacadas por su homóloga en España que agradece además “el excelente trabajo desempeñado por los consulados honorarios, la cooperación con las autoridades españolas, la solidaridad entre las embajadas y consulados de la UE en Madrid y el trabajo de Luxair- la aerolínea luxemburguesa- que ha sido clave en estas duras semanas.”, destaca Pranchère-Tomassini.

Solidaridad y relaciones bilaterales

Durante esta crisis, Luxemburgo ha demostrado su solidaridad con los países más afectados, entre ellos España, con especial atención a la donación, por parte del Gobierno de Luxemburgo, de 1.440 kg. del tejido de protección de alta calidad TYVEK, fabricado por el grupo Dupont de Nemours en su sede del Gran Ducado. De esta manera se respondía a una de las necesidades comunicadas por España a sus aliados de la OTAN.

Bernardo de Sicart Escoda y Michèle Prachère-Tomassini activaron sus contactos necesarios en los dos países para impulsar esta cooperación que ha combinado la tela de alta calidad y la logistica luxemburguesas con el know how español en la transformacion textil.  El transporte de los rollos de tela se hizo efectivo el 9 de abril por parte de la compañía CFL Cargo.

De experiencias como ésta, ambos embajadores destacan que han servido para abrir nuevas posibilidades de colaboración en el futuro entre nuestros dos países y desarrollar una nueva forma de cooperación bilateral que servirá de modelo.

Pranchère-Tomassini apunta que «a falta de una vacuna, que cada día toma la apariencia de un Santo Grial, seguiremos en crisis pero contaremos con más medidas y herramientas  para hacerle frente». En este contexto, destaca que «la solidaridad se construye con nuevos gestos de contención pero también con nuevos gestos de cooperación». «La diplomacia -añade- es en sí misma, el arte de establecer contactos y cuidarlos, y en tiempos de crisis los lazos sociales son decisivos, no se construyen en un día y conseguirlos no te dispensa de cultivar la confianza y la amistad», afirma rotunda la embajadora.

Por su parte, el embajador de España en Luxemburgo recalca que «hablar de coordinación, es también hablar de solidaridad y de cooperación para que los retos y desafíos a los que debemos y deberemos hacer frente, y que no van a ser únicamente nacionales, sean abordados con generosidad y altura de miras”.

Los próximos pasos de una Europa unida

Cuando preguntamos a ambos embajadores por las claves para seguir avanzando en la construcción de una Unión Europea fuerte, ambos muestran su preocupación por las debilidades que la pandemia ha puesto en evidencia. Michèle Pranchère-Tomassini manifiesta que “el cierre de las fronteras internas y la suspensión temporal del espacio Schengen han sido traumáticos ya que muchas vidas en Europa se construyen sobre este espacio de libertad”. “Volver atrás sería el fin de un mundo”, advierte. Por su parte, Bernardo de Sicart Escoda recuerda las palabras recientes de Josep Borrell sobre la reconstrucción: “o salimos todos juntos o no salimos”.

Asimismo, el embajador de España en Luxemburgo apunta como gran reto ineludible “garantizar una mayor autonomía de la Unión Europea –tanto industrial como tecnológica-, para que nuestra dependencia de ciertos productos esenciales no sea un obstáculo para la acción política que requiere rapidez en la respuesta”. Además, también pone el foco en “garantizar una relación más armónica con el medio ambiente, una actividad económica más sostenible y por una acción política que actúe prioritariamente en la protección de los ciudadanos con una mayor inversión en ciencia, en salud y en mecanismos de coordinación internacional para hacer frente a los grandes retos globales”.